Al frio de la noche
sentirás su calor
las luces de color
esconderán su rubor
un beso en la piel
la mano en la cintura
la noche viene a ser
de sosiego y de locura
morena, puro y tinto
capricho del destino
nos amamos un domingo
¡y las musas son testigos!
la dulzura de tu voz
lo que mi pecho guarda
como tus ojos no hay dos
ni las caricias que me dabas
Ahora a la distancia
eres recuerdo y añoranza
lágrima derramada, Estela
volveré a ti mañana.
noviembre 04, 2005
octubre 26, 2005
Gol de vestuario
El lugar era pequeño, y en algo muy propio, el aire enrarecido actuaba como barrera para los recién llegados que con el frio de las mejillas y el choque con el ambiente interior se transformaban en nuevos demonios observando la naturaleza ondeante de una cintura, el brillo sensual de unos ojos y el danzar serpenteante de una bella muchacha haciendo de las suyas en el mostrador.
Íbamos despacio, contemplando las formas y colores, las luces, sexo como en el cielo aquí en la tierra y dentro de estas 4 paredes, a mi lado una flor, cogí su mano y con un beso me presenté, mi compañero, sorprendido por los ojos de fuego de aquella chica y lo sugerente de su vestido acariciando escasamente sus caderas le soltó invasivo "qué hace una chica tan linda como tú por aquí", fue entonces que el brillo de ese fuego ahora atizado en los ojos de la muchacha y la sorpresa evidenciada por tan dulce sonrisa, (todo ese espectáculo dirigido a mi compañero de trabajo) me dieron por conclusión que ya la había perdído.
Íbamos despacio, contemplando las formas y colores, las luces, sexo como en el cielo aquí en la tierra y dentro de estas 4 paredes, a mi lado una flor, cogí su mano y con un beso me presenté, mi compañero, sorprendido por los ojos de fuego de aquella chica y lo sugerente de su vestido acariciando escasamente sus caderas le soltó invasivo "qué hace una chica tan linda como tú por aquí", fue entonces que el brillo de ese fuego ahora atizado en los ojos de la muchacha y la sorpresa evidenciada por tan dulce sonrisa, (todo ese espectáculo dirigido a mi compañero de trabajo) me dieron por conclusión que ya la había perdído.
Detesto (II)
Siempre he detestado a los más inteligentes, pues un aura de orgullo y mezquindad suele rodearlos como la cáscara de una manzana, me lleno de silencio de la misma forma como ellos se llenan de ínfulas elevándose a lo lejos, bien a lo alto. Desde arriba, hechos casi una peca en el rostro del cielo, logran fijarse por debajo y barrer de pies a cabeza con su "enorme visión" a este milimétrico ser, tanto como lo son ellos vistos desde aquí, ¿dirán algo? No, lo más probable es que de la misma forma como inclinaron su mirada vuelvan a elevarse más a lo alto, encontrarán otros como él/ella con los que la chispa de su falsa alegría iluminará el cielo, demarcarán el inicio de la tarde y al menos me entretendrán contándolos como las estrellas, en la noche.
octubre 16, 2005
octubre 07, 2005
Voy a...
Dejar el suelo y engañado imaginar que aún sigues allí, no es lo difuso de tu rostro bajo ese sol de recuerdos, son las tapias llenas de cuadros mirándose uno a otro indiferentes, y en el medio la mesa no llena de tu presencia, (bajito), me increpa equivocada la gran promesa nunca cumplida, ¿cuántas caídas más? ¿cuántas puertas cerradas? ¿cuantos caminos que llevan a nada?, es ahora el silencio un inmenso campo donde el momento es eterno, sin salidas ni escapes, donde debo acostumbrarme, desde tu partida mi reloj se ha detenido, la carretera se va en una vida que no es vida entre cuerpos vacíos que obligo te imiten a la luz de las sombras, dibujo tu rostro en ellos, también tu sonrisa, cuando logro tus labios llega nuevamente la oscuridad, es la casa, la casa... vacía.
octubre 05, 2005
2 años
Silencio en exceso, señal de que aprendo a no explicarme demasiado lo que ocurre, un asomo de resignación y dar pasos lentamente hacia la puerta que medio abierta deja penetrar el frio de la noche, mientras las sombras, las sombras se ocultan bajo libros, muebles, estantes, bailan al ritmo del ténue brillo de una vela y oyen mis pasos alejándose. ¿recuerdas sus ojos? ¿recuerdas su sonrisa confundiéndose con el color de su abrigo? sí, sí, incluso queda el mismo temor, el horror de saber lo qué ocurriría y esa maniática resignación a futuro, ahora cuentas los años ya, sólo por momentos es pasado, es inexistente como cuando mi mano atraviesa tu fantasma, en otros es vivir día a día de recuerdos, algo más difícil conforme todo cambia y los calendarios van a la basura, no quiero seguir explicándolo, sólo que suceda como cuando tus ojos me vieron por última vez y como cuando empecé a morir, por primera vez.
septiembre 12, 2005
Del océano no puedes huir
Era mañana, K se levantó de su cama con cierta fortaleza y algo de desánimo por este típico clima de invierno en Lima, clima de mierda que sólo sirve para estar triste, miro sus manos, ya maduras, su rostro en el espejo tan gris como esas nubes que cubren todita la ciudad, y sin mayor preámbulo, como cada vez que da un nuevo rumbo a su vida, decidió que era tiempo de soltarse de aquella tabla imaginaria en el már que él mismo había creado, ese mar que justificaba un hundimiento voluntario cada lunes que llamaba a Deborah, cada vez que reptaba por su silueta, se abrazaba a su aroma y colmaba sus pasiones, pero ayer mientras se despedían de aquel encuentro establecido como rutinario semanas atrás, ella le soltó: "Cuando tú me llames sabré que será sólo para eso", aquella frase lo atravesó cual rayo, despertándolo de su sueño voluntario y pseudo-justificador, ya le había entregado sus honorarios, se vio entonces desnudo de ideas, desnudo de sí mismo y de su propia fe. Aturdido por el alcance que había tenido dentro de sí ese conjunto de palabras sin intención, fue encogiendose por dentro y aunque Déborah le decía para salir del lugar, K ya no estaba allí como hace segundos, sino muy lejos en ninguna parte, y sólo ahora frente al espejo.
2 días después entre el calor propio de varias copas de alcohol y cubierto en la penumbra K sintió por vez primera la calidez de los labios de R, la generosidad de uno de sus senos y la suavidad de su piel erizándose, era la primera vez y se creía a salvo, había llegado por fin a la orilla donde iniciar el camino, una aventura quizá abrigada por un sentimiento, K lo tenía bien claro, excepto por una corazonada previa que no lo tenía completamente satisfecho, algo en la comisura de sus labios antes del contacto o el movimiento de sus pestañas aleteando como preparación al ataque, y fue así, con esa mirada sospechosa e hipnorizante (no lo era para K) que R le dijo,
- "¿Sabes? tengo un problema... he repetido un curso y no tengo cómo pagarlo"
- "¿cuánto es?" preguntó K haciendo esfuerzos por controlar el hastío y las ganas de huir
- "200 soles"
K guardó silencio, dejándose llevar por la marea de su océano la volvió a besar y argumentó un deseo súbito por ir al baño, una vez allí, se enjuagó el rostro y caviló largo cuál de las dos habría de ser más honesta o cuál era la que en realidad no tenía dignidad, daba igual, porque volvía a esa tabla en medio del mar con esa orilla que creía tan tangible ahora declarada como un engañoso espejismo, cruzó la puerta, y no dobló a la derecha para regresar a su mesa, siguió de largo, salió del local, de la noche, de sí mismo otra vez, pero no podía escapar del océano, aún estaba en medio de él, ¿llamaría a Déborah otra vez? al alejarse en el taxi no se alcanzaba a ver si cogía su móvil, pero sí que con ambas manos cubría su rostro para no mojarse con tanta agua y sal alrededor.
2 días después entre el calor propio de varias copas de alcohol y cubierto en la penumbra K sintió por vez primera la calidez de los labios de R, la generosidad de uno de sus senos y la suavidad de su piel erizándose, era la primera vez y se creía a salvo, había llegado por fin a la orilla donde iniciar el camino, una aventura quizá abrigada por un sentimiento, K lo tenía bien claro, excepto por una corazonada previa que no lo tenía completamente satisfecho, algo en la comisura de sus labios antes del contacto o el movimiento de sus pestañas aleteando como preparación al ataque, y fue así, con esa mirada sospechosa e hipnorizante (no lo era para K) que R le dijo,
- "¿Sabes? tengo un problema... he repetido un curso y no tengo cómo pagarlo"
- "¿cuánto es?" preguntó K haciendo esfuerzos por controlar el hastío y las ganas de huir
- "200 soles"
K guardó silencio, dejándose llevar por la marea de su océano la volvió a besar y argumentó un deseo súbito por ir al baño, una vez allí, se enjuagó el rostro y caviló largo cuál de las dos habría de ser más honesta o cuál era la que en realidad no tenía dignidad, daba igual, porque volvía a esa tabla en medio del mar con esa orilla que creía tan tangible ahora declarada como un engañoso espejismo, cruzó la puerta, y no dobló a la derecha para regresar a su mesa, siguió de largo, salió del local, de la noche, de sí mismo otra vez, pero no podía escapar del océano, aún estaba en medio de él, ¿llamaría a Déborah otra vez? al alejarse en el taxi no se alcanzaba a ver si cogía su móvil, pero sí que con ambas manos cubría su rostro para no mojarse con tanta agua y sal alrededor.
septiembre 08, 2005
Lo que el huracán se llevó
septiembre 01, 2005
Test de personalidad
¿Cómo darte cuenta si alguien es egocéntrico?
El sujeto, llamémosle A para los efectos, hace gala de su enorme capacidad verbal e inicia un recuento de defectos propios del peruano, el asco que le provocan y cómo él se aleja de esos paradigmas conduciendo correctamente su auto (como lady le dicen aquí) o rajando de los políticos, luego cambia de tema, asumiendo que lo tienes bien claro, hablándote ahora de su sobrina/hija/primita, parte de su familia y su "pobrecito abuelo que está en las últimas pero yo lo cuido bastante".
Tú lo sigues escuchando... resignado.
Tierno y convincente, te aconseja incluso lo que debes hacer en los siguientes 2 años y anima casi obliga a salir de este país porque "eres joven y debes aprovechar", todo bien hasta allí, cuando parecía que no callaba, entre que pasaba de sus programas favoritos a sus travesuras de colegial, se dio cuenta que querías decir algo y te deja la palabra.
"Ehm, lo que pasa es que..."
Y empieza a bostezar: A es egocéntrico.
Este test nunca falla.
El sujeto, llamémosle A para los efectos, hace gala de su enorme capacidad verbal e inicia un recuento de defectos propios del peruano, el asco que le provocan y cómo él se aleja de esos paradigmas conduciendo correctamente su auto (como lady le dicen aquí) o rajando de los políticos, luego cambia de tema, asumiendo que lo tienes bien claro, hablándote ahora de su sobrina/hija/primita, parte de su familia y su "pobrecito abuelo que está en las últimas pero yo lo cuido bastante".
Tú lo sigues escuchando... resignado.
Tierno y convincente, te aconseja incluso lo que debes hacer en los siguientes 2 años y anima casi obliga a salir de este país porque "eres joven y debes aprovechar", todo bien hasta allí, cuando parecía que no callaba, entre que pasaba de sus programas favoritos a sus travesuras de colegial, se dio cuenta que querías decir algo y te deja la palabra.
"Ehm, lo que pasa es que..."
Y empieza a bostezar: A es egocéntrico.
Este test nunca falla.
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