julio 20, 2008
Medolía
El poder que tiene la música es bastante extraño, pudo sacarme del momento presente y ubicarme en otro tiempo, cuando entraba a una habitación para intentar tocar el piano, de pronto se acercaba mi hermano, luego mi hermana y entre los tres nos apoderábamos de una parte del aparato. No importa lo que saliera de esa combinación de manos, inventábamos cualquier cosa porque nadie sabía tocarlo.
Tiempo después el piano desapareció, no sé si fue mi madre por necesidad de pagar las deudas en las que se metía sin avisar o si fue mi padre movido por el apremio de convertirlo en humo y alcohol. Pero ahora, creo que al venderlo crearon un espacio vacío en medio de 3 hermanos y una excusa menos para andar juntos, cosa que 15 años después reconozco que extraño demasiado.
Me preocupa nada más cuando sean 30, escuchando, como hoy, una melodìa que me dolía...
junio 26, 2008
Dudas
Siento que aún no es el momento, no he caído demasiado para intentarlo.
junio 13, 2008
En blanco
Estoy en frente del monitor, son la 1:30am y he vuelto a tener Internet después de un par de años. Han pasado 2 horas y ya me estoy arrepintiendo de haberlo adquirido.
Después de pasearme por todo tipo de páginas, tengo la ligera sensación de que el mundo sigue siendo pequeñísimo. Sólo que ahora no me agito, pues no camino.
Tengo 5 libros por leer, una revista de política que compré no sé por qué y un deseo insistente por apagar todos los aparatos eléctricos empezando por ese que se llama cerebro.
Son la 1:30am y detesto tener en la mente que en unas 7 horas vuelvo al trabajo.
febrero 21, 2008
De las luces
...ahora no sé cómo apagarlas
...y con el recibo que viene tan caro en estos días.
febrero 19, 2008
I am blue
Estoy azul y no es una enfermedad. Miro el cielo y también es azul, si bien para la gente es precisamente lo contrario: Sonríen más, hacen más planes y alguno que otro se queja del calor que sofocantemente los alegra.
Estoy azul, en las noches cuando las estrellas se dejan ver como pocas veces en el año y las nubes asoman de a pocos en la bóveda, cuando puedo caminar libremente entre las sombras, casi sin importar que alguien me observe mascando mis espinas, casi al lado de los besos de los amantes, debajo de los árboles o en los pasajes donde no llega la modernidad en luz de farol.
Estoy azul y no sé qué noche cambiará el color, me pregunto eso sobre todo cuando veo ancianos llevando sus canes o canes llevando a sus dueños, cuando me encuentro con Gustavo, sus cincuenta años a cuestas y su mirada perdida, el semblante vacío, un aura que despide olor a ron y esa enorme duda que le brota en el rostro, una que quizá se parezca a la mía.
Estoy azul y no quiero llegar a los cincuenta, no quiero tener el rostro de Gustavo, no quiero oler a ron, no quiero pasear con perros, no quiero seguir mirando al vacío y haciéndome las mismas preguntas que tienen el color de esta noche infinita, donde las estrellas son apenas paliativo debajo de un farol que nadie arregla.
febrero 16, 2008
febrero 03, 2008
Personalidad
Al cabo de un rato, luego de ver cómo JC gozaba y soñaba con las camionetas como chiquillo corriéndose la paja, salimos del concesionario, seguimos por el camino conversando de autos, (juro que hice el esfuerzo por parecer interesado), y regresamos a la fábrica. Mi intención no es sentirme culpable ni mucho menos culpar a la empresa que hace los coches e inventar una nueva especie de ser humano en un comercial de 3 minutos, pero que me den a entender que mi personalidad es de color azul metálico, tiene ruedas doble tracción, cuesta 17000 dólares y luego recién existo, sólo se compara con quienes efectivamente piensan que se puede comprar en 60 cuotas a una tasa de 2.9 por ciento, lastima comprobar que la mayoría piensa así, (ergo es normal, yo soy el marciano), en especial hoy cuando con JC regresábamos y vimos a Belinda salir de la fábrica -linda-, con ese practicante llamado Arturo en su personalidad hatchback recién comprada.
enero 20, 2008
La parábola del silencio
¡Qué rara es la gente aquí!, es capaz de hablar positivamente, hacerte bromas e incluso alucinar lo que hará el día tan mentado durante la semana: Lunes es promesa, martes es recordatorio, miércoles el "quiénes más confirmaron". De pronto, como una parábola, el jueves se convierte en silencio total, las miradas son evasivas y la gente empieza a "enfermarse". Llega viernes y Luis al medio día anuncia que no podrá asistir porque tiene que viajar.
Quiero comprobar si es cierto ese efecto en cascada sobre los demás: Llamo a Susana, tan pendiente ella de la presencia de Luis, (aunque lo niegue en las bromas), "uhm amigo, me siento un poco cansada, con sueño y juuusto me está dando gripe", - y añade para quitarse el
compromiso - "pero más tarde se me pasa con la salida", además con un vago entusiasmo que me parece hasta increíble que no pueda decir lo que realmente piensa, "justo la gente de la otra área me está pasando la voz y....", se le escapa y yo trato de cortarle... pero alcanza a decir "no te preocupes, te llamo", yo totalmente extrañado le cuelgo y no sé si reir o amargarme de ese feminísimo cinismo.
Conversando con otras personas me entero que Roberto tampoco irá, prefirió otra reunión a último momento, y cuando paso por el sitio de Juan, (autodeclarado mejor amigo de Roberto), sigue diciéndome que avise a todos en qué lugar será. Igual que en el caso de Susana, el tono termina pareciéndose a ese vago devenir de frases que parecen más un acomodo, sigo extrañado y sigo el juego, envío convocatorias, me siguen bromeando, "muy bien!!!", incluso algunos siguen hablando del tema pero dejan de mencionar esa última frase que te dice que algo se concretará.
Pero Roberto no irá, y entiendo el punto, Juan está detrás de él para que lo lleve a su compañía, por eso le cuenta chistes en las reuniones, se sienta siempre con él y comparte su ánimo con el solícito Roberto, también hablan del trabajo, Juan despotrica contra su jefe y Roberto le da toda la razón, "en mi trabajo es lo máximo, justo estoy juntando mi gente en unos meses" suelta Roberto sin creérselo y el otro se frota las manos. Pero hoy no irá Roberto, por lo tanto, Juan tampoco, al igual que otros más que estaban pendientes de Luis, aparte de Susana.
Entendiendo el panorama, o quizá queriendo entender, veo la hora y son las 8pm, recuerdo a Giuliana, me dijo que me llamaría a esa hora, "uhm, aún no llama...". A las 8:05pm llega un mensaje de texto a mi teléfono. No fue la vibración, pero sentí un escalofrío en la espina dorsal y abrí enormes los ojos como si de algo que ya esperaba sucediese, "Lo siento amigo, justo tengo un encargo de último momento". Después de dos semanas, (que escribo esto), Giuliana ni siquiera me ha llamado por teléfono, entiendo que si nos volvieramos a encontrar no mencionará el hecho y yo tampoco querré averiguarlo. Pero ese viernes extraño, caminando de regreso a casa, en silencio me dí cuenta de qué tan sólo puedo estar cuando quiero empujar el carro, (aunque sea de favor), y los demás se hagan a un lado, también en silencio.
enero 16, 2008
Aquel Conejito
Antes de subir la escalera, te puedes cruzar con una mota blanca en una jaula que en la oscuridad puede asustarte, el dueño ha dejado al conejo en su jaula, la mierda se desparrama por un costado y el conejo está reposando en el otro costado, no es difícil verlo en la oscuridad y olerlo entre excremento y orines. Consciente que quizá no podría limpiarse la jaula, el viejo la ha colocado unos centímetros sobre el suelo, de tal manera que la mierda no sólo está fuera de su jaula, sino que al caer se esparce por el patio, se mete en la zuela mis zapatos y llevo la asquerosidad a mi cuarto.
Pero me da pena el conejo ciertamente, debe ser difícil vivir y acostumbrarse al hedor de 5 días de materia fecal, pero me compadezco más porque debe ser difícil en su situación ser conejo y no poder reproducirse exactamente como tal, quizá por eso se le ve tan apagado, como esta casa con olor a mierda.
noviembre 05, 2007
Máquina del tiempo
...el tiempo retrocedió y por un instante me volví universitario, ya tenía la mochila, el color del lugar simulaba al comedor de entonces y ella como siempre indiferente, mis manos temblando, el mismo sopor de antaño y todo el cúmulo de reacciones químicas que sacuden mi cerebro de forma distinta a como lo hace una puta cuando palpo su trasero.
Lo único que hice por respeto a mi mismo fue apurar el almuerzo, evitar con sumo esfuerzo virar los ojos a ese fatídico lado del restaurante y esperar que mi acompañante terminara, (con un ligero apuro de mi parte), ese té verde que a mi boca ya le sabía agrio. Diez, quince minutos y quizá con veinte mi cerebro estallaba desparramado.
Si bien, luego de aquel desencuentro, me prohibí volver entrar a ese lugar, me di también la contemplativa licencia de pasar por ahí de vez en cuando, pues no puedo evitar ese algo en mi mente que genera cultos por aquellos lugares donde ella ha estado, la universidad, el cine, la avenida donde vive, el acantilado, esa misma mente desoye los ruidos de la calle y recrea su esencia, dentro de los autos, en los otros restaurantes, en las mujeres llenas de amor que salen de los hoteles y también en las que entran solas, aún me sobra una pizca de razón para preguntarme cuándo acabará todo esto, miro el puente, lo alto de un edifico, el arma de un policía de tránsito... comprendo la respuesta, de vez en cuando.