En el fundo de un abismo,
existe un ser con el corazón herido
su alma le fue arrancada
no hubo piedad de una malvada.
Su desgracia es de hace mucho
evitó pasiones, anduvo escondido
abrió su vida cuando menos debía
ahora llora todavía la despedida
Y vive allí, en oscuridad eterna
transa con el tiempo, no enferma
pues volvió su corazón de piedra
tan duro como ese, el de ella.
mayo 11, 2004
mayo 10, 2004
Devuélveme mis suspiros,
aquellos que lancé sin cesar
cada momento que te observaba furtivo
Devuélveme mis pensamientos,
aquellos que desaparecían
viendo la rosa dibujada en tus labios
Devuélveme mis sueños,
aquellos que sin cesar
cada tarde nos juntaban con un beso
Y quédate con los momentos
aquellos que cruelmente
lo imposible dibujaban con tus gestos
aquellos que lancé sin cesar
cada momento que te observaba furtivo
Devuélveme mis pensamientos,
aquellos que desaparecían
viendo la rosa dibujada en tus labios
Devuélveme mis sueños,
aquellos que sin cesar
cada tarde nos juntaban con un beso
Y quédate con los momentos
aquellos que cruelmente
lo imposible dibujaban con tus gestos
mayo 09, 2004
Deja las ideas vanas en el tiempo
se desvanecen entre pensamientos sombrios
que dan poco, duelen mucho
creer en un sueño perdido.
hace estallar un vidrio en pedazos
En medio de un lugar oscuro, trazo las miradas
dibujo sinuosas lineas, no quiero abrir ojos que no tengo
ella me los arrancó
no veo mis heridas
solo las siento
Nunca vi mentiras más sonrientes, tan cándidas
inmundicia disfrazada de pureza y blancura
no son sus labios, mi tormento
es un corazón lleno de espinas
que al tocarlo desangra mis manos.
Morder polvo, comer tierra, alimentarme de barro
quema mis entrañas, ulcera mis vísceras
perdí lo que no poseo, mírame
me lleno de podredumbre, para siempre
mi cuerpo está henchido de pecado.
Tu cabello sigue ondeando con el viento
más oscuro, más claro, tu rostro recobra su sonrisa
es la trampa que toma su lugar
atrapará al siguiente en la fila
y lo devorará a miradas sin remedio
se desvanecen entre pensamientos sombrios
que dan poco, duelen mucho
creer en un sueño perdido.
hace estallar un vidrio en pedazos
En medio de un lugar oscuro, trazo las miradas
dibujo sinuosas lineas, no quiero abrir ojos que no tengo
ella me los arrancó
no veo mis heridas
solo las siento
Nunca vi mentiras más sonrientes, tan cándidas
inmundicia disfrazada de pureza y blancura
no son sus labios, mi tormento
es un corazón lleno de espinas
que al tocarlo desangra mis manos.
Morder polvo, comer tierra, alimentarme de barro
quema mis entrañas, ulcera mis vísceras
perdí lo que no poseo, mírame
me lleno de podredumbre, para siempre
mi cuerpo está henchido de pecado.
Tu cabello sigue ondeando con el viento
más oscuro, más claro, tu rostro recobra su sonrisa
es la trampa que toma su lugar
atrapará al siguiente en la fila
y lo devorará a miradas sin remedio
mayo 08, 2004
abril 18, 2004
Siento que se me ha secado algo dentro, y por eso tengo un poderoso deseo de tomar gaseosa helada todo el tiempo, a pesar de los litros de Inka Kola no se aplaca el sentimiento de vacuidad ni mucho menos con las canciones de Soda Stereo, me sumerjo en el PowerBuilder y a veces logro olvidar por un momento, de repente cierta alegría mórbida me va abordando y ni el dolor ajeno ni el propio se sienten, me estoy volviendo uno más de aquellos que odio, insensibles cuyo corazón se hizo polvo, ya no importa, es en eso que empieza una sensación de abandono, donde precisamente escapas de aquel mundo siniestro, demasiado real y manejador, que determina tus gustos, modales y a la vez no le importa tu vida. Y ahora confluyen en una sola vertiente tus odios, insensateces, miedos, dejadeces, ambiciones, pesares y desamores, a partir de hoy ya soy de piedra.
Los Winnie Pooh son peluches caricaturescos muy tiernos, el regalo indiscutible para caerle bien a aquella chica que se te cuela por lo ojos y que sólo con una mirada te obliga a cometer la estupidez de comprarlo, envolverlo en papel de regalo, inspirarte una frase cursi y llevarlo a sus manos, (hecho todo un tarado), "en nombre del amor y de una buena noche en el telo", dirán algunos, 14-F ya pasó pero sus efectos perduran.
Aparte de esos Pooh regalables están ESOS otros que caminan por las calles, parados en los centros comerciales, divirtiendo a la gente con sus movimientos y tomándose fotos con algún niño, si es que este no le está jalando la cola, o golpéandolo, mientras yo permanezco indiferente a sus maneras, sus saludos y sus fracasados querer-caer-bien, hasta el momento que uno de esos peludos aprovecha su condición de ternura y abraza conchudamente a mi hermana, yo celoso, empujo al susodicho por la payasada y este responde, verme enjuto tal vez lo animó a la réplica, y yo le volví a responder.
Pronto empecé a sentirme dentro de un televisor, pegándole en ese polito rojo afeminado y el otro dándome golpes con sus 'patas', logré tirarlo al piso ante las miradas de sorpresa, indignación y de burla de la gente por el extraño incidente, pero al final salí triunfante, descuarticé al muñeco ese y me fui corriendo con mi hermana por el estacionamiento, dejando su cabeza tirada más allá, la gente seguía consternada y yo orgulloso por pegarle a la caricatura que entre maldiciones iba a recoger su magullada cabeza, desde ese día no he vuelto al centro comercial, les agarré fobia a los Pooh.
Aparte de esos Pooh regalables están ESOS otros que caminan por las calles, parados en los centros comerciales, divirtiendo a la gente con sus movimientos y tomándose fotos con algún niño, si es que este no le está jalando la cola, o golpéandolo, mientras yo permanezco indiferente a sus maneras, sus saludos y sus fracasados querer-caer-bien, hasta el momento que uno de esos peludos aprovecha su condición de ternura y abraza conchudamente a mi hermana, yo celoso, empujo al susodicho por la payasada y este responde, verme enjuto tal vez lo animó a la réplica, y yo le volví a responder.
Pronto empecé a sentirme dentro de un televisor, pegándole en ese polito rojo afeminado y el otro dándome golpes con sus 'patas', logré tirarlo al piso ante las miradas de sorpresa, indignación y de burla de la gente por el extraño incidente, pero al final salí triunfante, descuarticé al muñeco ese y me fui corriendo con mi hermana por el estacionamiento, dejando su cabeza tirada más allá, la gente seguía consternada y yo orgulloso por pegarle a la caricatura que entre maldiciones iba a recoger su magullada cabeza, desde ese día no he vuelto al centro comercial, les agarré fobia a los Pooh.
abril 14, 2004
abril 10, 2004
No sé cómo habrán quedado aquellos con los que jugaba cuando era pequeño, pues no quiero verlos con el ojo izquierdo. Chacaritas en ese entonces era un barrio tranquilo, que poco a poco iría mostrando los primeros rasgos de un deterioro inevitable en las caras y las voces de los que para esa época eran niños como yo. Viví en una de esas calles de pistas mal asfaltadas, donde las quintas y los corralones convivían frente a frente, y en donde jugábamos a las escondidas americanas, eran lugares que me moría por conocer en la noche, cuando no me dejaban salir.
Siempre hay una vez que los padres se flexibilizan con uno y te dejan observar el barrio en penumbra, aquellas calles oscuras por las que no caminaría hoy, pero que de niño las atravesaba como si estuviera en mi patio y donde lo más peligroso que te podía pasar era que un perro te mordiera. Aquellos pasajes pobres de luz con casas de material noble, de paredes escarchadas y llenas de esmalte, eran testigos sufridos de nuestro vespertino 'cabecita eliminao', donde vivía gente que aspiraba tener el status de los de Santa Marina y soñaba con Surco, San Isidro, o Miraflores, lugares que yo frecuentaría más adelante sin pensarlo y en donde Velazco Astete pasaría a ser de lo más exclusivo a lo más cotidiano e inútil.
Era en los pasajes que nos reuníamos para jugar policías y ladrones, en donde un grupo de nosotros empezábamos a correr como locos porque los 'policías' nos agarraban y nos metían al calabozo, cuando casi por terminar el juego alguien se transforma y empieza a corretear a todo el mundo con una correa en la mano, dado que yo era uno de los más chicos, era presa fácil para el alcance de la bendita correa, que seguro acababa más de una vez en el trasero del que la portaba por lo desnaturalizados que eran sus padres.
En efecto, la correa me alcanzó y golpeó mi ojo derecho tumbándome al piso, el grupete dejó de correr y se agolparon alrededor mio, contemplando al caído con grotesca emoción: 'ya pe conchetumare párate'. Alguno por ahí considerado, viendo mi dolor, quiso aliviarlo con 'agua' de un charco que había al lado, la cogió entre sus manos y me la tiró a la cara. Al llegar a mi casa con el ojo hinchado y a punto de infectarse, a lo único que atiné fue a bañarlo con alcohol y a prometerme no volver a pisar la calle nunca más de noche.
Siempre hay una vez que los padres se flexibilizan con uno y te dejan observar el barrio en penumbra, aquellas calles oscuras por las que no caminaría hoy, pero que de niño las atravesaba como si estuviera en mi patio y donde lo más peligroso que te podía pasar era que un perro te mordiera. Aquellos pasajes pobres de luz con casas de material noble, de paredes escarchadas y llenas de esmalte, eran testigos sufridos de nuestro vespertino 'cabecita eliminao', donde vivía gente que aspiraba tener el status de los de Santa Marina y soñaba con Surco, San Isidro, o Miraflores, lugares que yo frecuentaría más adelante sin pensarlo y en donde Velazco Astete pasaría a ser de lo más exclusivo a lo más cotidiano e inútil.
Era en los pasajes que nos reuníamos para jugar policías y ladrones, en donde un grupo de nosotros empezábamos a correr como locos porque los 'policías' nos agarraban y nos metían al calabozo, cuando casi por terminar el juego alguien se transforma y empieza a corretear a todo el mundo con una correa en la mano, dado que yo era uno de los más chicos, era presa fácil para el alcance de la bendita correa, que seguro acababa más de una vez en el trasero del que la portaba por lo desnaturalizados que eran sus padres.
En efecto, la correa me alcanzó y golpeó mi ojo derecho tumbándome al piso, el grupete dejó de correr y se agolparon alrededor mio, contemplando al caído con grotesca emoción: 'ya pe conchetumare párate'. Alguno por ahí considerado, viendo mi dolor, quiso aliviarlo con 'agua' de un charco que había al lado, la cogió entre sus manos y me la tiró a la cara. Al llegar a mi casa con el ojo hinchado y a punto de infectarse, a lo único que atiné fue a bañarlo con alcohol y a prometerme no volver a pisar la calle nunca más de noche.
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